Efraín Enrique Sanmiguel SanjuánDerecho, palabras y restauraciónEscríbeme
Efraín Enrique Sanmiguel Sanjuán
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La palma a contraluz: cuando el apagón apaga más que la luz

Lo que la crisis eléctrica le cuesta a la cadena del aceite crudo de palma, y lo que podríamos hacer al respecto.

En este artículo
  1. Lo que dicen los datos de 2026
  2. Lo que he visto desde la intermediación
  3. Lo que propongo
  4. La palma como espejo
  5. Fuentes citadas

Trabajo desde hace tiempo en la intermediación de la compraventa de aceite crudo de palma para consumo animal, el que compran las plantas de alimentos balanceados para elaborar concentrados. Desde ese lugar, entre la extractora que despacha y la planta que recibe, he aprendido que en este negocio hay un socio que nadie invitó y que todos padecen: el apagón.

La palma aceitera es un cultivo noble y de largo plazo. Tarda alrededor de tres años en dar fruto y puede producir durante dos o tres décadas. Pero su fruto no espera. Una vez cosechado, tiene que procesarse pronto, porque con cada hora de retraso aumenta su acidez y baja la calidad del aceite. Por eso, en una extractora, la energía no es un servicio más: es la condición para que la cosecha no se pierda.

Lo que dicen los datos de 2026

No hace falta exagerar para describir el problema; basta con mirar lo que ya se ha publicado este año. La Patilla reseñó en marzo de 2026 que en el Zulia los racionamientos eléctricos regresaron desde finales de enero, con cortes y fluctuaciones casi diarias en municipios como San Francisco, Maracaibo y Cabimas.

En mayo, un despacho de la agencia EFE señaló que en Maracaibo y en Mérida los cortes imprevistos podían extenderse hasta siete horas, sin un cronograma oficial que permitiera planificar. La misma nota recogió que más del 90 % de los comerciantes consultados por la Cámara de Comercio de Maracaibo consideraba la crisis eléctrica su principal preocupación.

Esas cifras describen ciudades. Quien conoce el campo del Sur del Lago sabe que, lejos de los centros urbanos, la situación rara vez es mejor.

Lo que he visto desde la intermediación

Cuando la luz se va, la extractora se detiene o pasa a depender de plantas eléctricas y de gasoil, que no siempre hay. El fruto espera, la acidez sube, el despacho se reprograma. Y esa demora no se queda en la planta: viaja por toda la cadena. El camión que debía cargar hoy carga mañana; la planta compradora recibe un aceite con una acidez distinta a la pactada; alguien reclama un descuento; alguien asume un costo que no estaba previsto.

En esa cadena, el riesgo casi nunca se reparte de manera equilibrada. Suele quedarse en el eslabón que tiene menos capacidad de negociación: el pequeño productor, el transportista o el proveedor que espera turno frente a una planta que no descarga.

Como abogado, no puedo dejar de señalar algo: buena parte de esas pérdidas no se discute en los tribunales, sino que se asume en silencio, porque nadie dejó por escrito qué pasaba si se iba la luz. Y en Venezuela, a estas alturas, un apagón difícilmente puede considerarse un hecho imprevisible.

Lo que propongo

No tengo la solución a la crisis eléctrica del país, pero sí algunas ideas sobre lo que podemos hacer quienes trabajamos en esta cadena:

  • Aprovechar la propia palma como energía. La fibra y el cuesco que deja la extracción son combustible. Invertir en calderas eficientes y en cogeneración permitiría a las extractoras producir parte de su vapor y de su electricidad, y depender menos de la red y del gasoil.
  • Sumar energía solar para los servicios auxiliares. Paneles para iluminación, bombeo y oficinas liberarían la energía disponible y el combustible para los procesos críticos.
  • Dar prioridad de combustible a la cadena agroalimentaria. El gasoil que mueve la cosecha, la extracción y el transporte del aceite termina convertido en alimento para animales y, luego, para las personas. Debería tratarse como lo que es: un insumo estratégico.
  • Apoyar al pequeño productor. Crédito, asistencia técnica y semilla de calidad para que la fruta llegue a la planta en el momento justo y en buenas condiciones.
  • Contratos claros y despachos documentados. Es lo que más depende de nosotros. Pactar por escrito las especificaciones de calidad y cómo se miden, los tiempos de carga y descarga, quién asume la espera del camión y qué ocurre ante un corte eléctrico o la falta de combustible. Y documentar cada despacho: notas de entrega, tickets de romana, actas de muestreo. La claridad contractual no evita el apagón, pero sí evita que el apagón termine en un pleito.

La palma como espejo

Sembrar palma es un acto de confianza en el futuro: se planta hoy para cosechar durante décadas. Esa confianza merece condiciones mínimas para no perderse en una noche sin luz o en un tanque vacío.

Mientras esas condiciones llegan, a quienes trabajamos en la cadena nos toca hacer lo que sí está en nuestras manos: producir con más eficiencia, negociar con más claridad y repartir el riesgo con más justicia. La palma tiene futuro. Lo que necesita es que la luz, y la palabra empeñada, no se vayan a mitad del proceso.

Nota: esta es una columna de opinión. Las opiniones expresadas son del autor. No constituye asesoría legal para casos particulares; cada contrato y cada situación requieren una evaluación específica.

Fuentes citadas

  • La Patilla (6 de marzo de 2026). Caos eléctrico: fluctuaciones y cortes diarios castigan a zulianos. lapatilla.com
  • Chirinos, H. / EFE (9 de mayo de 2026). Racionamientos, la pesadilla en una Venezuela que urge recuperar su red eléctrica. Diario El Mundo (El Salvador). diario.elmundo.sv

Abg. Efraín Enrique Sanmiguel Sanjuán Especialista en Derecho Tributario, Derecho del Consumidor y Publicidad Engañosa · Ex Coordinador de la Oficina Municipal para la Defensa y Educación del Consumidor y del Usuario (OMDECU), Municipio Naguanagua · Articulista jurídico.

Abg. Efraín Enrique Sanmiguel Sanjuán